Derecho de Familia, Derecho y Violencia contra las mujeres, Opinión

Pautas ante una ruptura sentimental

On 28/10/2015

Ayer asistí a una vista de medidas previas paternofiliales (ruptura de una pareja de hecho). El juez del juzgado de familia, sin toga, cercano, explicó ampliamente a las partes las consecuencias de los procesos de ruptura de las parejas y los caminos alternativos a los juicios. Les habló de nuestras verdades, aquellas que creemos y construimos, pero cómo existen muchos prismas de la misma verdad. Incluso les facilitó un breve artículo sobre pautas básicas para un buen divorcio, un resumen del libro del Juez Utrera. Fue un paso para humanizar la administración de justicia, para acercarla a la ciudadanía, que en silencio aplaudí. Finalmente iniciado el juicio, fue suspendido.

De acuerdo con los datos del CGPJ, en 2014 se produjeron en España 178.041 rupturas, incluyendo separaciones, divorcios y medidas paternofiliales, consensuadas y contenciosas. Es una realidad instaurada y para la que confiamos que estas pautas ayuden en situaciones normales de ruptura. En caso de tratarse de una ruptura en la que se da o se haya dado violencia contra las mujeres o menores, el camino es diferente y requiere el inmediato asesoramiento de profesionales con formación especializada en la materia (solicita su trayectoria y formación en la materia).

1. Un proceso consensuado o contencioso.

a) Consensuado.

A través de un convenio regulador se regulan las medidas que van a regir tras la separación de las partes. Junto a este y una demanda de mutuo acuerdo se presentará ante el juzgado competente y deberá ser posteriormente ratificado por las partes.

Las medidas del convenio son consensuadas entre las partes y permite que se genere un clima de diálogo y de búsqueda activa de soluciones para la adaptación a la nueva situación, y una gran flexibilidad siempre y cuando se garantice que los intereses de los y las menores están salvaguardados (de lo contrario el Ministerio Fiscal, que es quien vela por ellos, no dará el visto bueno a tal convenio).

Todos los convenios son modificables tantas veces como quieran las partes a lo largo de su vida, así como las sentencias a través del procedimiento de modificación de medidas.

En estos procedimientos es obligatorio estar defendido por un o una letrada y representada por un o una procuradora. El convenio podrá redactarse por una dirección letrada que defienda a las dos partes o por dos, que defienda a cada parte, mientras que la o el procurador podrá ser el mismo, abaratando así los costes. Dado que el convenio prevalecerá en caso de desacuerdo entre las partes, ha de ser redactado correctamente anticipando eventuales problemas que puedan surgir durante la vigencia del mismo, de ahí que sea muy importante contar con un buen asesoramiento en la materia, por lo que recomendamos que os pongáis en manos de profesionales con especialización en Derecho de Familia. La Asociación Española de Abogados de Familia agrupa a un buen número de profesionales que trabajamos esta área. (http://www.aeafa.es/abogados-asociados/ ).

Este procedimiento es rápido y menos costoso, tanto emocional como económicamente y sobre todo, las y los menores no se verán envueltos en tener que acudir a juicios, exploraciones o citas ante el equipo psicosocial. Y aunque a las partes les ataque la sensación de al negociar y ceder ambas partes, estar perdiendo, la ganancia sin embargo es mucho mayor que lo que se desprende de un procedimiento contencioso.

Una herramienta que puede ayudar a conciliar las posturas entre las partes es la mediación y el Gobierno Vasco, entre otros, dispone de una Servicio de mediación que ayuda a fijar las medidas de los convenios reguladores (aunque no la liquidación).

Consideramos importante señalar que la negociación se ha de dar entre dos partes en igualdad. Aceptar redactar un convenio que perjudica a una de las partes, contribuirá a desprestigiar nuestra profesión y a  aumentar la desigualdad.

b) Contencioso.

Recurrir al auxilio de los juzgados es el último recurso, agotadas todas las vías de alcanzar un acuerdo. Este camino es el más costoso, a todos los niveles, y deja en manos de una tercera persona (el o la jueza), la decisión de las medidas a regir tras la ruptura.

Aquí es obligatorio contar con representación y defensa letrada, cada parte la suya. Estos procedimientos son largos y muchas veces suelen arrastrar más incumplimientos de las sentencias.

Además, es importante conocer las luces y sombras de los pasos a dar dado que las acciones pueden tener repercusiones en el ulterior proceso de separación de las partes.

Lamentablemente algunas veces estos procedimientos se convierten en una retahíla de reproches y ataques que no hacen sino aumentar la tensión de las partes y que afectan directa y negativamente en todas las partes de la familia.

 

2. Principales medidas que se acuerdan.

a)       La separación de las partes.

En el caso de que exista matrimonio, habrá de conocerse las diferencias entre la separación judicial y el divorcio. En la primera no se rompe el vínculo matrimonial y conlleva la suspensión de la obligación de convivencia, en el segundo se disuelve el vínculo matrimonial, por lo que en la primera cabe la reconciliación de las partes poniéndolo en conocimiento del juzgado. Optar por la separación judicial y posteriormente por el divorcio sólo le llevará a afrontar dos procesos judiciales con los costes que conllevan.

También cabe la nulidad matrimonial. En el caso de las parejas de hecho o de derecho, el procedimiento se llama medidas paternofiliales.

b)      La guarda y custodia.

Puede ser exclusiva o compartida.

Es un error asumir que la guarda y custodia de las y los menores se otorga siempre a la madre por el mero hecho de serlo. Eso sería una discriminación directa hacia los hombres, prohibida por toda nuestra normativa.

La guarda y custodia se ha de otorgar a quien efectivamente ha sido la figura cuidadora de las y los menores, que en la gran mayoría de los casos son las mujeres. Afortunadamente este hecho ha empezado a cambiar y cada vez más hombres hacen uso de sus derechos y obligaciones respecto a la parentalidad (que no paternidad), aunque aún esté muy lejos de ser una realidad equilibrada entre mujeres y hombres, baste observar los datos estadísticos.

Desde Abella Legal seguimos trabajando activamente por el principio de igualdad de mujeres y hombres que afecta a todos los ámbitos de la vida, y en este caso concreto, para que haya una asunción de la parentalidad desde el principio (no sólo en el momento de la separación como apuntan ciertos sectores, que irremediablemente implica una discriminación indirecta, y donde en muchos casos hay intereses económicos encubiertos que prevalecen por encima de los intereses de los y las menores) y desterrando roles y estereotipos de género que tantas graves consecuencias acarrean.

La titularidad de la patria potestad en general suele ser atribuida a ambas partes, si bien hay determinadas facultades que se ejercen exclusivamente por uno de los cónyuges dada la dificultad de compartir su ejercicio por la separación física que implica la ruptura.

c)       Régimen de visitas, estancias, periodos vacacionales.

El interés de los y las menores implica que también se relacionen con el o la progenitora no custodia, de una forma amplia y flexible. La práctica habitual de los juzgados, salvo que se consensue otro régimen, tiende a establecer los fines de semana alternos de la salida del colegio el viernes hasta el domingo o lunes, además de dos tardes entre semana y la mitad de las vacaciones escolares. En sistemas de guarda y custodia compartida también se pueden establecer regímenes de visitas para los periodos en los que se encuentran con la otra parte.

La ruptura implica la separación de las partes, no de las y los hijos, por lo que es importante que cada parte procure que mantengan una buena relación con el o la otra progenitora y que se eviten cualquier tipo de actitudes que impliquen desprecio, cuestionamiento o minusvaloración de la otra parte, o alianzas y chantajes a los y las menores.

El derecho de visitas es tanto un derecho del o de la progenitora no custodia como de las y los menores, por lo que se ha de procurar que sea cumpla fielmente y sea un momento gratificante para ambas partes.

d)      Comunicación.

Para el cuidado diario de los y las menores, la organización y distribución de los tiempos y para la toma de decisiones relativas a su educación, salud y desarrollo, es importante fomentar que sean adoptadas de común acuerdo y enmarcadas en un diálogo fluido entre las partes. Las partes deberán comunicarse las decisiones que con respecto a sus menores deban adoptarse en el futuro, así como todo aquello que conforme a su interés prioritario deban conocer ambas partes.

e)       Pensión de alimentos.

La pensión de alimentos comprende la contribución del o de la progenitora no custodia a dotar a las y los menores de vivienda, alimentación, vestido, educación etc. La cuantía ha de ser proporcional a los gastos efectivos y a las posibilidades económicas de las partes. Normalmente ha de ser abonada en los cinco primeros días de cada mes en la cuenta designada por el o la progenitora custodia y se actualizará según el IPC. En los casos de custodia compartida es práctica habitual establecer una cuenta bancaria en la que se pasen los gastos habituales de las y los menores (colegio etc.) y en la que las partes contribuyan mensualmente, al 50% o en la proporción que se establezcan según las circunstancias de cada familia.

f)        Pensión compensatoria.

Cuando se entienda que ha habido un desequilibrio entre las partes tomando como referente la fecha de matrimonio y la de ruptura y las circunstancias recogidas en el artículo 97 del Código Civil, se puede establecer una pensión compensatoria que puede ser de carácter temporal, vitalicia o de tracto único. Cobra especial relevancia por la vinculación que desde enero de 2008 tiene su establecimiento con la pensión de viudedad futura y para evitar la feminización de la pobreza.

g)       Uso y disfrute de la vivienda familiar.

Para determinar su uso, exclusivo o alterno, se tienen en cuenta factores como la edad de los y las menores, el interés más necesitado de protección, la disponibilidad de otra vivienda, la atribución de la guarda y custodia etc.

Además se recogerá cómo se atenderán los gastos que la misma genera: seguro, ibi, derramas, suministros, comunidad etc.

h)      Liquidación del régimen económico matrimonial.

Cuando la ruptura es de mutuo acuerdo, es posible incluir la liquidación del régimen económico, señalando los bienes, valorándolos y adjudicándolos a las partes, evitando así los costes de notaría.

 

3.       No hay culpables.

Ya hace años que desaparecieron las causas para solicitar la separación de las partes, por lo que será erróneo pensar que la parte de la pareja que ha provocado la separación será castigada por ello (salvo en casos de violencia contra las mujeres). Tampoco conduce a nada iniciar un procedimiento contencioso para vengarse por ello. Entender por qué la vida te ha situado en este momento y lo que has de aprender con ello, ayudará a todas las partes a desarrollarse y a llevar mucho mejor ese tránsito, a cooperar mutuamente, y evitará que la ruptura sea perjudicial para todas las partes.

 

4. La separación no supone la pérdida o el abandono de ninguna de las partes.

Este principio ha de ser claramente explicado a las y los menores, teniendo en cuenta su edad, su capacidad de comprensión, desarrollo etc. y siempre desde el amor, para que no alberguen falsas esperanzas a una posible reconciliación (si está claro entre las partes) o les puedan nacer sentimientos de abandono o culpabilidad.

Igualmente en el caso de que aparezcan nuevas parejas, hemos de saber explicarles en el momento oportuno, que esta nueva circunstancia no supone que los y las menores sean desplazadas.

 

5. Las y los hijos no nos pertenecen.

Los hijas y las hijas no son nuestras, no nos pertenecen, sólo vienen a través de nosotros y nosotras. Las actitudes de posesión sólo les perjudican. Darles amor incondicionalmente y no olvidar que lo que hacemos a las y los demás nos lo hacemos a nosotras y nosotros mismos.

Si fuéramos conscientes de todo lo que los y las niñas detectan de lo que sucede a su alrededor, entre sus progenitores/as, tanto si sus relaciones son claras como si no lo son, seríamos más conscientes de su vulnerabilidad e impresionabilidad, y primarían siempre sus necesidades a los deseos particulares.

Esperamos que estas breves pinceladas puedan contribuir a los futuros procesos de ruptura.

Comments are closed.